Juan Ramón Rey
Cádiz, 1967
No es fácil describirse a uno mismo. Tal vez lo justo sería decir que me considero un “Eterno Aprendiz”, un aprendiz de fotógrafo que comenzó su aprendizaje hace más de 30 años. No, no es un capricho ni un “hobby” pasajero, es algo más profundo.
En 1974 tuve mi primera cámara fotográfica. Recuerdo que mi padre llegó un día a casa con una pequeña caja y una enorme sonrisa. En la sonrisa había una gran ilusión, en la caja una preciosa Kodak Instamatic. Aquella vieja y querida Kodak fue la primera de otras muchas que vinieron a acompañarme. Desde entonces siempre hubo una cámara conmigo.
Fue en 1981 cuando me tomé la fotografía de una manera más seria. Siempre había practicado el dibujo y la pintura y comencé a usar la fotografía como un medio más de expresión artística. Empecé a leer libros, y a interesarme por el trabajo de los grandes maestros (Cartier Bresson, Ansel Adams, Ernst Haas y muchos otros), asistía a galerías y exposiciones… y sacaba fotos, cientos de fotos. Había que entrenar el “ojo”.
También por aquella época hice mis primeros ensayos en el laboratorio, revelando carretes y positivando copias en blanco y negro. Ahí nació mi amor por el monocromo. Siempre consideré el Blanco y Negro como la esencia de la fotografía, siempre vi cierto aire mágico en esas imágenes pintadas con luces y sombras.
Pasaron los años y llegó la era digital. Al principio me sentía reacio a abandonar lo que ya conocía, pensaba que unos “pixeles” nunca podrían equipararse con el olor a revelador. Me hacían gracia aquellos que tildaban a mi fiel Yashica como “analógica” cuando era maravillosamente “mecánica”. Si, llegó la era digital, y se perdió para siempre el misterio de cuando hacías “clic” y había que esperar al revelado para saber si habías hecho lo correcto. Se perdió el romanticismo y lo que yo consideraba cultura fotográfica.
Pero no todo iba a ser malo, solo había que adaptarse. Al fin y al cabo el ojo que miraba por el visor era el mismo y la teoría no había cambiado. Así que di el paso y entré de lleno en el mundo digital.
Hoy, superado el proceso de adaptación, os quiero mostrar mi trabajo. No os voy a mostrar todo el baúl que he ido recopilando con el paso de los años, pero si os quiero mostrar el resultado de todos esos años de aprendizaje. Aprendizaje que sigue su curso y que, gracias a lo “digital” se abre por nuevos derroteros.
Un abrazo.